Ya había mencionado algunos de los componentes del refresco y sus efectos cuando alguien lo consume frecuentemente, pues nuevamente hago mención de esto.
Últimamente he observado en la calle, en las áreas de comida de los centros comerciales y hasta en la gente que me rodea, a papás o mamás que les dan a sus hijos cualquier bebida carbonatada o muy azucarada, llámese refrescos de cola o jugos embotellados. Si sabemos que tenemos el primer lugar en obesidad infantil, y cada vez las enfermedades aparecen en personas más jóvenes, ¿Por qué seguimos teniendo y transmitiendo estos hábitos a nuestros hijos?
El ritmo de vida, el trabajo, la convivencia social, el gusto por algún alimento o refresco, y quizás el poco tiempo que nos damos para informarnos sobre los beneficios o los males que nos puede inducir el sustituir el agua por otra bebida, provoca que nos cerremos a la razón, nos quedemos en un punto en el que la importancia de nuestro bienestar y el de nuestros hijos se mantenga alejado “en este sentido” de nuestras mayores preocupaciones y por ende, de la mejora de nuestras acciones.
No es sano que un bebe de 8 meses tome refresco en su biberón, ni que una niña de año y medio pida que le sirvan refresco y sea una de sus primeras palabras, o que a los 3 años, una pequeña llore a modo de berrinche hasta que su papá le compre un refresquito, y como estas situaciones, miles más. Pensemos en serio en esos escenarios en las que muchos de nosotros como padres o como adultos nos hemos visto, también recordemos si hemos sido nosotros los que les hemos impuesto esos malos hábitos a los niños y se los hemos fomentado.
No permitamos que las enfermedades lleguen a nuestros niños a muy temprana edad, tratemos de promover hábitos alimenticios sanos e impulsarlos a realizarlos permanentemente. Piensa cual es mejor para tus hijos: coctel de frutas o papas fritas, ver tele toda la tarde o jugar en el patio, agua o refresco.
Si tu hijo te pide refresco la próxima vez, piénsalo dos veces antes de acceder, hoy puede ser un gusto, para que no se quede con el antojo o como a veces decimos: ¡es poquito no le hace daño! La segunda opción que hay es que le des a tomar agua, si esta muy acostumbrado al refresco, seguro no la va a querer, tal vez haga berrinche, llore, pataleé, el cambio será lento pero benéfico, todo esto con la certeza de que es un buen hábito sembrado que dará frutos a lo largo de su vida, la salud es de lo más valioso que les podemos brindar a los hijos.
Cuidemos a los niños, hablémosles de la buena alimentación y lo que provoca en ellos, y también de los malos hábitos y sus efectos negativos. El refresco descalcifica, provoca enfermedades, afecta al riñón, al hígado, a la sangre, al crecimiento, provoca caries, entre muchos otros males.
Recuerda que en la alimentación todo cuenta @Mayra_Nutrición





