#Lingotes | Se debe poner un alto a crímenes que se cubren con presunta justicia

#Lingotes | Se debe poner un alto a crímenes que se cubren con presunta justicia

A todas luces un homicidio que prende los focos rojos de la gobernabilidad en un año de elecciones.

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Ocurre el segundo linchamiento del 2018 en Juan C. Bonilla

A menos de 20 minutos de la ciudad de Puebla ocurrió el domingo pasado un nuevo hecho aterrador. Habitantes de una población decidieron en un juicio sumario la muerte de un presunto ladrón y lo peor, que los cuerpos de Seguridad Pública presentes no pudieron impedirlo.

La comunidad de San Gabriel Ometoxtla del municipio de Juan C. Bonilla fue el escenario trágico de un hecho que se repite por la falta de confianza de la población en las policías y sobre todo en la aplicación de la justicia.

Hasta ahora, sin precedente la Secretaría de Seguridad Pública estatal detuvo a cuatro personas por su presunta responsabilidad en el linchamiento de un supuesto asaltante en la comunidad que pertenece al valle de Cholula y colinda con Coronango, San Pedro y Huejotzingo.

La dependencia puso a disposición de la Fiscalía General del Estado a cuatro incitadores y ejecutores del linchamiento de Justo Ricardo, lo que no ha sucedido en otros casos que permanecen impunes, mientras los culpables se esconden entre la turba.

“Durante la privación de un probable delincuente en San Gabriel, Policía Estatal aseguró a cuatro hombres que presuntamente habrían participado en los hechos; están a disposición de la autoridad ministerial”, informó la dependencia en su cuenta de Twitter.

Familiares afirmaron que el ahora occiso era hijo único, era padre de tres hijos y se dedicaba al servicio de transporte público, taxista, en Cuautlancingo.

Su madre y familiares cercanos negaron que fuera delincuente, por lo que pidieron justicia a las autoridades.

El domingo, Justo Ricardo fue detenido cuando lo acusaron de intento de robo de una casa en la Junta Auxiliar de San Gabriel Ometoxtla. Los pobladores lo persiguieron y lo detuvieron cuando, dijeron, le iba a arrebatar a una menor una bicicleta sobre la calle Hidalgo.

La población lo golpeó salvajemente, lo colocó de cabeza en una cancha de basquetbol y se negaron a entregarlo a la Policía hasta que falleció.

A todas luces un homicidio que prende los focos rojos de la gobernabilidad en un año de elecciones, en los que personal de los institutos electorales llegarán a comunidades de todo el estado y pueden ser confundidos, como ya ocurrió, con presuntos delincuentes y terminar todo en tragedia.

Es hora de poner un alto a estos crímenes que se cubren con una presunta justicia ciudadana y son delitos mayores que deben ser castigados severamente.


 

 

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