2021 ¿El año de la misoginia política?

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Por Patricia Estrada

Si hay un mundo adverso para las mujeres, es la política. Diputadas agredidas por colegas misóginos, que lo mismo les gritan “Focas aplaudidoras”, ¡Cállate tú!, “Hija de la chingada” y otras expresiones que denigran el papel de las mujeres en su legítimo derecho de ocupar cargos relevantes en la vida pública del país.

Y cuando los agresores quieren recomponer la metida de pata, se vuelven a equivocar, porque en su corto entendimiento, las mujeres no representan una figura de respeto ni de poder. Dentro de la política hay machos que les duele aceptar que 241 curules del Congreso de la Unión y 63 escaños del Senado de la República son ocupadas por mujeres. Y por primera vez en la historia, ambas cámaras son presididas simultáneamente por el sexo femenino.

Reconozco que las cuotas de género me han parecido una camisa de fuerza porque las mujeres deben ser electas en función de su preparación, capacidad y talentos, pero si no fuera por las reformas a la ley, a 50 años del voto femenino en México, ni siquiera tendríamos 1 gobernadora, 1 jefa de gobierno, 539 presidentas municipales y 40% de las secretarias en el gabinete federal.

Mención especial amerita la composición política en el mapa municipal de México porque las entidades que tienen la mayor cantidad de alcaldesas son Veracruz, Oaxaca y Puebla (48/217 municipios), es decir la cuarta parte de los Ayuntamientos del país son encabezados por mujeres.

La elección del 2021 será un proceso interesante. Los partidos tendrán que seleccionar a sus mejores perfiles para competir en 15 gubernaturas, alcaldías, diputaciones locales y federales. Las mujeres llevarán un peso específico en las candidaturas aunque lamentablemente recibirán el tsunami de insultos, calumnias y desprestigio que implica entrar al lodazal de la política.

Les comparto que una vez en campaña electoral, vi llorar a una candidata al salir de una entrevista. Me dijo que no se daría por vencida a pesar de las porquerías que sus detractores habían difundido en la prensa y redes sociales. Concluí que las mujeres no solo deben pensar en una estrategia de campaña sino defenderse de situaciones personales que atentan contra su estabilidad familiar. A un hombre no le cuestionan su vida de alcoba, a una mujer sí, al grado de destrozarla.

Al margen de la ruta electoral, las mujeres tendrán que encontrar la forma de competir sin aceptar esas prácticas mezquinas que han degradado a la política mexicana. Estoy convencida que si la mujer pisa su dignidad renuncia a que los demás la respeten en lo público y en lo privado. Si bien hay políticas que se denigran solas, no es pretexto para que la sociedad juzgue a las demás por igual ¿No lo creen?