Camposanto

13

Por Enrique Huerta

La pandemia se abre paso entre cadáveres: casi siete millones de contagios acumulados en Estados Unidos, cinco millones y medio en la India, cuatro y fracción en Brasil y poco más de un millón en Rusia. Notable conjunto de estructuras estatales que, independientemente de sus contradicciones postindustriales, albergan economías dinámicas con capacidades técnicas altamente probadas; el Covid-19, como cualquier otro virus, se combate desde la ciencia y a pesar de lo escandaloso de los casos ninguno de estos países supera, ni de cerca, al desastroso 10.51 por ciento de letalidad reconocida por el Estado mexicano.  

¿Cuáles son las razones de la mayor catástrofe sanitaria de nuestra historia? La lista de culpables es larga: las refresqueras, los expresidentes, los gobiernos neoliberales, los tacos de canasta y hasta el vendedor de empanadas con exceso de grasas saturadas; si nos atenemos a la retorcida imaginación de López Gatell. Y, sin embargo, los muertos se siguen colocando “debajo del tapete” de una nación que tiene maestría en ocultarlos desde 1968: de marzo a agosto se han registrado 122 mil 765 defunciones de más, es decir 59.1 por ciento por arriba de lo proyectado para este 2020 –datos del Cenaprece-. Tan sólo habría que bajar a las tasas de letalidad por Covid-19 de algunos estados para darse una idea de la magnitud del problema: Baja California, 37.6 por ciento; Campeche, 28.3 por ciento; Quintana Roo, 22.7 por ciento; Chiapas, 17.7 por ciento; Aguascalientes, 16.5 por ciento; Nayarit, 16.1 por ciento; Sinaloa, 16.0 por ciento; Jalisco, 15.6 por ciento; Coahuila, 15.0 por ciento –datos de la secretaría de Salud-. ¿Algún día sabremos el total de decesos reales que ha cobrado el coronavirus en México? Seguramente cuando ya no sea políticamente relevante, cuando sólo interese a un tesista empecinado en hacer labor de archivo para exhibir los errores de los gobiernos del pasado a cambio de un grado académico. 

Mientras ese día llega las cifras que sí conocemos, y no precisamente por boca de las insufribles conferencias vespertinas de Palacio Nacional, son las del personal médico fallecido por coronavirus en todo el mundo: 7 mil profesionales de la salud; de ese total 1,320 eran mexicanos –datos de Amnistía Internacional-. Este país que el surrealismo jamás se hubiera atrevido a inventar alberga el 18.85 por ciento de los decesos globales de médicos, enfermeras y enfermeros, así como personal administrativo que laboraba tanto en nosocomios públicos como privados. No, mi buen amigo defensor de lo indefendible: no es la comorbilidad ni el veneno embotellado; fueron los recortes de más del 15 por ciento al presupuesto del 2020 del sector salud acompañado de 100 mil batas blancas que, “por la fuerza de contagio” se tuvieron que poner en cuarentena. 

¿Ahora dígame usted, si a este “campo santo” de 32 entidades que llamamos México, “lo trató bien la pandemia”?