Dr. Contagio

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Por Enrique Huerta

A un año del contagio índice en México: el Dr. Hugo López-Gatell, el gran artífice detrás de auténticas ocurrencias convertidas en malogradas estrategias como “Susana distancia”; “Quédate en casa”; “Modelo Centinela”; “Nueva normalidad”; “Municipios de la esperanza”; así como el famosísimo “Semáforo epidemiológico” con 3.1416 naranjas antes de una luz roja; finalmente ha visitado la zona Covid de un hospital, desafortunadamente no lo ha hecho como subsecretario, mucho menos como funcionario responsable de la política sanitaria nacional, sino como un simple paciente entre 2 millones 89 mil 281 mexicanos que han requerido de oxigenación asistida.

La escena desborda el surrealismo involuntario de un país que arrancó la semana con 186 mil 152 decesos oficialmente reconocidos y una tasa de letalidad del 8.9 por ciento. El espectacular tránsito del “Dr. Muerte” –tristemente bautizado en redes- al “Dr. Contagio” supera cada una de sus triquiñuelas científicas que pasarán a la historia con el estilo de una prosa tan grotesca como ridícula. En la edición de ContraRéplica del pasado 30 de octubre le hacía constar algunas de ellas:

“La influenza es diez veces más virulenta que el coronavirus” (28 de enero); “imagínese usted que le hiciéramos pruebas a cada uno de las 120 mil personas que llegan al país por los aeropuertos de México” (2 de marzo); “la fuerza del presidente es moral, no es fuerza de contagio” (16 de marzo); “los cubrebocas dan una falsa sensación de seguridad” (3 de abril); “la epidemia es cada vez más lenta, lo que significa que hemos aplanado la curva” (5 de mayo); “en un escenario muy catastrófico se podría llegar a 60 mil defunciones” (4 de junio)”.

Han pasado exactamente nueves meses desde la última declaración, y aún tengo algunas preguntas sin respuesta: ¿qué queda de “su alteza epidemiológica” que durante el punto más alto de la curva –el mismo que jamás pudo calcular-, defendía su derecho legítimo a vacacionar en las playas de Zipolite con la soberbia que acostumbraba impregnar en cada vespertina? ¿Qué objeto tiene seguir las recomendaciones sanitarias de un hombre incapaz de gobernarse a sí mismo? ¿Qué confianza, legitimidad, e incluso moralidad puede despertar un equipo en el gobierno de la 4T que hizo hasta lo imposible por ocultar la realidad de la crisis sanitaria antes y después del contagio del subsecretario López-Gatell?

Lo he confesado en público y en privado: la banalidad del paciente no tiene registro en la historia del sistema político mexicano.

P.d. Y, sin embargo, la verdadera tragedia no es esa. Aquello que eufemísticamente hemos llamado “Campaña Nacional de Vacunación” sólo ha alcanzado al 2 por ciento de la población en dos meses de borlote. Suscribo el dicho, pero con mi propia reforma: “pobre México, tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de la vacunación”.

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