Ecuación letal

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Por Enrique Huerta

La lógica nos llevaría a suponer que ahí donde hay más de 4 millones de contagios de Covid-19 tienen un problema mayor que donde sólo reconocen 400 mil acumulados. Pero, ¿desde cuándo la lógica nos conduce a respuestas certeras? Bastaría con revisar el abismo entre las tasas de letalidad con las que arrancaron esta semana Estados Unidos y México para darse cuenta de lo contrario: el 3.44 por ciento del vecino país del norte muestra un fuerte contraste frente al 11.13 por ciento de la emergencia nacional.

En su defensa, cuatro meses después de los primeros contagios, el Gobierno Federal ha asegurado que “la pandemia encontró un país enfermo”; en otras palabras, que la comorbilidad es el problema que ha llevado a México a ocupar –antes del próximo viernes- el tercer sitio global con mayor decesos cumulados de Covid-19. Al parecer Palacio Nacional está plenamente convencido de que “el oso navideño”, que el año pasado registró ingresos por 194 mil millones de pesos por concepto de ventas de “veneno embotellado”, es el verdadero culpable del peor desastre sanitario en la historia de este país. La pregunta es simple: ¿si tan maloso es ese oso, por qué el Diario Oficial de la Federación incluyó a la industria refresquera como un sector productivo esencial durante esta pandemia?

La nueva justificación de la 4T no puede estar más equivocada: sólo 25 y de 37 de cada 100 mexicanos fallecidos por Covid-19 son víctimas de “la epidemia” de obesidad y diabetes que ha azotado el territorio nacional. Desde luego, detrás de esta nueva puntada del ilustrísimo López-Gatell, el régimen quiere ocultar una verdad incómoda: si un mexicano termina contagiado de coronavirus y se encuentra en pobreza alimentaria o laboral tendría, por la fuerza de su precariedad, que optar por un tratamiento en un sector público que ya está colapsado; no por falta de camas -53 por ciento sigue disponible a nivel nacional en hospitalización general-, sino por el déficit de 240 mil trabajadores de la salud. De otro modo no podría explicarse que de los más de 44 mil decesos acumulados: cerca del 70 por ciento tengan una escolaridad equivalente a seis años de primaria o inferior, mientras que el 80 por ciento del total original ha fallecido exclusivamente en instituciones de salud pública –Hernández Bringas, datos del subsistema Epidemiológico y Estadístico de Defunciones-.

La pandemia ha hecho aún más profunda la desigualdad de este país: un millón de desempleos, una contracción de 8 puntos del PIB y una pobreza laboral que ronda el 54.9 por ciento de la población es una combinación que torna el confinamiento en una meta inalcanzable; es entonces cuando la movilidad se convierte en la única alternativa para mitigar el hambre, los contagios crecen y la ecuación letal se cierra trágicamente. La correlación no sólo encubre el fracaso de la estrategia sanitaria, sino de la política social entera.