El país de los ritos

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“No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo. México es el país más surrealista del mundo”.
André Bretón

“De ninguna manera volveré a México;
no soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”.
Salvador Dalí

¿Qué posibilidad existe que en un mismo sitio del planeta se registe, en un 19 de septiembre: un sismo de 8.1 grados en 1985, otro de 7.1 en 2017 y finalmente otro de 7.7 en pleno 2022, tan sólo 46 minutos después de un Simulacro Nacional? De acuerdo al Dr. José Luis Mateos, investigador de la UNAM, la probabilidad es del 0.000751 por ciento. Cifra que en términos cualitativos se traduce a lo hace años André Bretón y Salvador Dalí nos enseñaron sobre México: cuando de surrealismo se trata, este país no tiene límites.

Pero vayamos 47 minutos antes del movimiento telúrico, cuando las panaderías aún tenían suministro de bolillos para el susto. ¿Por qué en México todo lo tenemos que convertir en rito y, en consecuencia, en un espectáculo? Este lunes 19 de septiembre, en punto de las 12:19 horas, hospitales, dependencias gubernamentales, escuelas, universidades, fábricas, industrias y hasta unidades habitaciones se sumaron al Simulacro Nacional “con un sismo hipotético de magnitud 8.1, con epicentro a 42 kilómetros de La Mira, Michoacán” como si tratara un evento en Facebook donde decidieron participar por simulación, algunos por obligación, pero casi nadie por prevención.

¿En cuántos de estos sitios, donde se montó el espectáculo, tienen planes de evacuación en caso de un sismo? ¿Cuántas de estas estructuras han sido revisadas por directores de obra certificados que avalen la seguridad en caso de una hipotética sacudida de las placas tectónicas superior a 7.5 grados? ¿Cuándo fue la última vez que Protección Civil multó a empresas e instituciones educativas por incumplir con los requerimientos que marca la norma oficial? Y más aún, ¿cuándo fue la última vez que hicieron un simulacro antes del espectáculo de las 12:19? ¿Cuántas vidas se pondrían a salvo si autoridades y ciudadanos tuviéramos la prevención y el simulacro como costumbre?

Se trata de una batería de preguntas que no sólo deben hacerse un 19 de septiembre, sino que deben sobrevivir al día siguiente. ¿Casi dos minutos para evacuar Palacio Municipal en Puebla capital, en un edificio cuyo techo colapsó durante el sismo del 15 de junio de 1999, en un escenario real pudo haber sido un hecho lamentable? Los simulacros deben ser parte de nuestra cotidianidad, no un rito programado para cumplirse en una fecha prefijada.

Desde luego, en estos casos la responsabilidad no puede ser colectiva pues, “donde todos somos culpables: nadie puede ser juzgado”. ¿Qué pasó con la actualización de los Atlas de Riesgo de los 217 municipios de la entidad? De acuerdo con el Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales, únicamente 69 municipios –el 31.8 por ciento del total– cumplen con la medida; entre ellos Puebla, San Pedro Cholula, Tehuacán, Tepeaca, Francisco Z. Mena, Cuetzalan y Chignahuapan.

¿Cómo es posible que en San Andrés Cholula se autoricen permisos de construcción sin el mentado atlas actualizado? ¿Por qué en el municipio de Cuautlancingo, con la armadora automotriz más importante de América Latina en su territorio, no existe la voluntad para invertir en una medida tan necesaria?

Que el próximo 19 de septiembre, cuando los mexicanos entre memes y sospechas seamos parte del próximo Simulacro Nacional: Puebla haya superado los 1.1 trabajadores de Protección Civil por cada 100 mil habitantes, cifras por debajo de la media nacional –que es de sólo 3–, según datos del Inegi. Por la tranquilidad de todos, con sismos o sin ellos, veamos a Protección Civil como una inversión y no como un espectáculo.

Por Enrique Huerta