El rostro más descompuesto de Puebla

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Por Patricia Estrada

Viste pantalón ajustado gris, una blusa negra escotada y tacones de plataforma; el maquillaje no oculta su edad, no es una niña pero detrás de ese rostro imagino que hay una historia de pobreza y abuso; recargada en un poste de luz de la 14 poniente entre 3 y 5 norte espera a la clientela; esos hombres que caminan el Centro en busca de sexoservidoras, varias de ellas vigiladas por los padrotes.

La prostitución en la 12, 14, 16 y 18 poniente ha crecido como la espuma; muchas de las mujeres son víctimas de trata. En Puebla es conocido por todos menos por las autoridades que brillan por su ausencia. Operativos efímeros, sin resultados, ni seguimiento. Un mercado de oferta y demanda hediondo de corrupción e impunidad.

Voy en el auto a vuelta de rueda y veo a esas mujeres que con el sol a cuestas tienen que estar inmóviles, esperando al cliente. El cubrebocas no es opción en su oficio, deben mostrar el rostro completo, tampoco hay sana distancia; las miradas son tan lascivas que ofenderían a las esposas, madres o hijas de todos esos tipos que las rodean como zopilotes.

Esta parte del centro está cada vez más descompuesta; el desorden es visible. Las sexoservidoras a cualquier hora del día, los vendedores informales invadiendo banquetas, uno tras otro, a las puertas de los negocios establecidos, sin lugar para los transeúntes. Entrar en coche es un calvario, los peatones se lanzan al arroyo vehicular, sorteando el tráfico, puestos ambulantes y el mar de gente.

Todos conviven en el mismo espacio que durante muchos años ha sido concesionado a esas agrupaciones que controlan a los ambulantes y someten a la autoridad. Los pocos tramos libres están llenos de basura y hasta de vísceras expuestas a los costados de pescaderías y carnicerías. Nadie se hace responsable de la suciedad y mucho menos de la limpieza.

El centro es el gran mercado de la ciudad de Puebla. Nada asusta a los ambulantes, mucho menos el riesgo de contagio por Covid-19. Cualquier intento de reordenamiento comercial es infructuoso, simplemente no hay manera de desalojar a quienes son dueños del espacio público.

Ningún Ayuntamiento podrá cambiar la imagen urbana porque la gente está acostumbrada a ese caos comercial. A nadie sorprende esta parte de Puebla que ha crecido como una zona de tolerancia, un gran mercado callejero y foco de inseguridad pública. Una sub economía que resurge con más fuerza tras el confinamiento por la pandemia.