Instituto para devolverle al mundo lo robado

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Por Enrique Huerta

En la edición de ContraRéplica Puebla del 8 de julio del 2020, en el marco de la primera visita oficial del presidente Andrés Manuel López Obrador a la Unión Americana, le adelantaba un diagnóstico que con el paso de los acontecimientos resultó ser un auténtico vaticinio:

“Contra todo pronóstico la visita será todo un éxito. ¿La razón? No cambiará en lo más mínimo la compleja y asimétrica relación bilateral entre México y Estados Unidos y, sin embargo, transformará radicalmente la imagen de Mr. AMLO frente al mundo: ¿cómo podrá, después de esta tarde, seguir presentándose frente a los líderes de la izquierda latinoamericana como el representante genuino de “un proyecto alternativo de nación” intercambiando sonrisas con el terrible señor Trump? ¿Con qué credibilidad seguirá declarando “el fin de la era neoliberal” cuando, por la fuerza de su pragmatismo, se ha convertido en el heredero del legado comercial de Salinas de Gortari? ¿Con qué autoridad moral, especialmente si Trump pierde su reelección, López Obrador seguirá defendiendo “la libre autodeterminación de los pueblos” participando activamente en una cumbre bilateral convertida, gracias a los buenos oficios de la Casa Blanca, en una convención nacional republicana?”

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Desde luego en esta ocasión el escenario no fue montado en el jardín más famoso de Av. Pensilvania, en Washington D.C; sino en uno de los mejores iconos de “la gran manzana”: Naciones Unidas. Por el lapso de una sesión Andrés Manuel llevó los reflectores de La Mañanera al Consejo de Seguridad haciendo lo que muchos antes que él, demócratas encomiables y dictadores detestables, han ensayado hasta la teatralización excesiva: denunciar el anacronismo, la indolencia y las limitaciones dela ONU en pleno siglo XXI. Aunque la queja ya se lo saben de memoria en Nueva York; las representaciones diplomáticas de Rusia y de China no tardaron en señalar que AMLO estaba reclamando en el foro equivocado: y en efecto, nadie va al Consejo de Seguridad a señalar que “Covax fue un doloroso y rotundo fracaso”; mucho menos a exigirle a Naciones Unidas que “despierte de su letargo, que se reforme y que denuncie y combata la corrupción en el mundo”;increíblemente Marcelo dejó que el presidente de México hiciera el ridículo asegurando que“el Consejo de Seguridad puede ser el más noble benefactor de los pobres y olvidados del planeta”. Por momentos pensé que Andrés Manuel estaba a punto de poner a votación la creación del Instituto para Devolverle al Mundo lo Robado.

Olvidémonos por un instante lo errado del sitio y centrémonos en una fracción del mensaje:¿el presidente que gobierna a 55.7 millones de mexicanos en situación de pobreza, que tuvo que “pedir fiado” 17 millones de bióticos a Joe Biden para terminar de inmunizar a su población contra el Covid-19, que sometió a los padres de los niños con comorbilidades a presentar amparos a cambio de la salud de sus pequeños; realmente está autorizado para hablar de fraternidad y bienestar?Candil de la ONU: oscuridad de México.