La Corte del Pueblo

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Por Enrique Huerta

Mañana el pleno de la SCJN someterá a revisión el proyecto del ministro Luis María Aguilar Morales sobre la petición presentada por López Obrador que tiene por objeto someter a juicio a cinco expresidentes de México, a partir del procedimiento inicial de una consulta popular con base a lo estipulado en el artículo 35 de la Constitución.

La Corte ha caído en una “trampa para ratones”: el máximo tribunal de la nación no sólo discutirá y fundamentará las razones de la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la mentada consulta; mañana la Suprema se juzgará a sí misma dictando el fallo de su propio desempeño en tiempos de devotos e indignados: si en la sala impera el espíritu republicano, las leyes por encima de los hombres incluyendo a los expresidentes; si mañana gana la presunción de inocencia, el respeto irrestricto a la legalidad y al debido proceso en un régimen de igualdad de garantías entre los ciudadanos, y de excepción de aquellos que detentan el poder soberano; entonces habrá triunfado el contenido de la Constitución en detrimento de los apetitos populares. ¿Saldrán ilesos los ministros de semejante sentencia? Imposible, la opinión pública los presentará de cuerpo completo como una casta de privilegiados que protegen a “los únicos responsables de la desgracia nacional”; los correligionarios del presidente no tardarán en hacerle saber su sentir al calor del grafiti y la protesta; en suma, la Corte será el blanco del desprecio del vulgo que no necesita ser muy docto para comprobar que en México no existe lo que la SCJN protege: el estado constitucional democrático.

El escenario no es muy alentador, quizá por ello un grupo vinculante de ministros prefiere, por la salud de la institución, ir en busca de la pila de Poncio Pilatos y dejar todo en manos de la –fallida- procuración de justicia del señor Gertz Manero. Al final de cuentas “la Constitución de México vale –parafraseando a Carl Schmitt- porque el pueblo se la ha otorgado”; ¿qué necesidad de ir contra la corriente de la voluntad popular en un país plagado de impunidad? Si la Suprema opta por este escenario no habrá protestas, ni grafitis, ni reclamos –salvo los del círculo rojo, pero eso ya a nadie le importan- y, sin embargo, ganando con la democracia la Corte saldrá perdiendo a la larga. Negar su naturaleza conservadora y dejar al descubierto su debilidad frente a la injerencia presidencial convertirán su espíritu aristocrático, la única fuente de su legitimidad, en su mayor enemigo interno: la SCJN se diseñó para aniquilar los humores populares en defensa de los valores de la República y el Derecho; ¿qué tan conscientes serán los ministros que mañana le otorgarán constitucionalidad a la consulta de que le están abriendo las puertas de la Judicatura a una forma de gobierno pro tempore que nada tiene que ver con el mérito y la inamovilidad?

P.d. Antes de que concluya la semana México llegará a los ¾ de millón de contagios de Covid-19. Pero por distracciones como esta, eso no será noticia: ¡pueblo, date cuenta!