La importancia del sector primario tras el COVID-19

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Desde que la humanidad comenzó a dar sus primeros y tímidos pasos en el camino que la llevó desde las sábanas africanas a la conquista del espacio cercano, el tiempo que esta dedicaba a buscar o producir alimentos ha ido siendo cada vez menor lo que a su vez ha logrado que se liberen cada vez más manos para poder dedicarlas a otros menesteres que son los que han hecho que nuestra especie alcance las cotas de desarrollo técnico, científico, filosófico o artístico actual. Esto se ha conseguido al pasar de la fase recolectora/cazadora a la agricultora/ganadera y después a la automatización del campo, lo que ha logrado que cada vez más recursos humanos estén disponibles para dedicarlos primero a la industria y después al sector servicios, lo que ayudó a que el PIB mundial en su conjunto subiera de forma espectacular durante los últimos siglos.
 
Pero la pandemia de coronavirus, que enseñó al mundo las graves carencias de la globalización y la deslocalización cuando una enfermedad obliga a paralizar industrias enteras a la vez que colapsa las redes logísticas, puede haber cambiado la poca importancia relativa con la que la ciudadanía percibe a la agricultura, a la vez que puede poner y ha puesto en el punto de mira de los inversores las materias primas producidas mediante la agricultura y también los medios para producirlas, el principal de los cuales es la tierra apta para el cultivo, la cual el magnate Bill Gates está comprando en grandes cantidades.
 
Máximos históricos en el sector primario
 
El maíz en máximos históricos de los últimos ocho años, el trigo en máximos de los últimos catorce, el precio de frutas y verduras subiendo de manera similar…, lo cierto es que alimentarse cuesta un porcentaje cada vez mayor de los ingresos de cientos de millones de ciudadanos, ya que, siendo la alimentación una de las principales prioridades para la supervivencia, difícilmente se puede contraer su consumo demasiado como sí puede hacerse con el ocio, el combustible del auto, la ropa y el calzado o incluso el consumo eléctrico para poner calefacción en invierno y aire acondicionado en verano.
 
Algo similar también ha ocurrido con otras materias primas como el cobre o el petróleo, que durante estos últimos meses han experimentado sus propios picos, lo que a su vez ha vuelto a poner este instrumento de moda no sólo entre los inversores más grandes del mundo, sino también entre los que practican el trading de materias primas, una forma de invertir que, aunque conlleva sus propios riesgos, suele estar muy al tanto de que instrumento de trading está experimentando una mayor volatilidad en los mercados financieros, no en vano las subidas y bajadas de los precios son la información que utilizan los traders en su operativa.
 
No sólo la pandemia
 
Pero la pandemia no es el único cisne negro que va a alterar los precios de las materias primas como los alimentos, dado que la situación en Europa y la crisis de suministros han reabierto el nunca del todo cerrado debate de la relocalización de sectores estratégicos, y la alimentación es probablemente uno de los sectores más estratégicos de todos, para que lo básico pueda ser abastecido dentro de cada país, en la medida de lo posible.
 
No hay indicios de que en los próximos meses el precio de los alimentos vaya a volver a bajar, al fin y al cabo la inflación se encuentra desbocada y no es probable que se vaya a lograr embridar en el corto espacio de tiempo, por lo que, para aquellos que confíen en que inversores como Bill Gates tienen un olfato especial para los negocios, parece que la alimentación va a volver a convertirse en un pilar de las economías nacionales incluso en economías que han desarrollado una industria exportadora de altísimo valor añadido, como es el caso de los Países Bajos, que a pesar de exportar en gran cantidad productos tecnológicos como automóviles, también se ha convertido en el segundo mayor exportador de productos agrícolas del mundo, logrando que un sector minusvalorado en gran parte del mundo se convierta en una fuente de riqueza y empleos en un país muy pequeño en tamaño.