La receta de palacio

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Por Enrique Huerta

El imperativo de la “reactivación económica” día a día se impone con más fuerza a pesar de que la curva nacional de Covid-19 presenta un crecimiento sostenido; la charada de “los municipios de la esperanza” fue un fraude épico mientras que “la idea millonaria” de los semáforos no se quedó atrás, optaron por descomponerlos antes de que sólo funcione la luz roja y tengamos que dar marcha atrás al “desconfinamiento”. La receta de Palacio Nacional para enfrentar la emergencia ha sido simple: nada de ciencia, ni un solo cubrebocas, optimismo a fuego lento y muchas ocurrencias, sazonadas con dosis de posverdades estadísticas y pizcas de descalificaciones sistemáticas.

En las calles de la nueva anormalidad las cosas no han sido muy distintas: el confinamiento es un mito; la sana distancia es imposible en los mercados, los tianguis y el transporte público; dos de cada tres mexicanos están dispuestos a enfermarse en vez de portar una mascarilla protectora; las misas de todos los cultos se celebran en lo oscurito mientras que las cascaritas de fútbol en las unidades habitacionales ocurren a plena luz del día; en pocas palabras el sentido de la comunidad, el mismo que relaciona el bienestar del prójimo con el de nosotros mismos, se sumó a la lista de las desapariciones forzadas. La barbarie reina en México, quizá desde hace muchos años, lo único que ha cambiado es que esta pandemia no nos permitirá hablar de civilización mientras el recuerdo de lo que ha pasado en los últimos meses permanezca en nuestra memoria.

Donde hay pobreza e ignorancia no hay decreto que valga, se está regresando a la vida productiva sin permiso pero sin impedimento cuando el riesgo es inmensamente mayor que el pasado 21 de abril, el primer día de la Fase 3 de la pandemia cuando el país se escandalizaba con 9 mil 501 contagios; casi tres meses y 294 mil 934 contagios después –datos de este lunes- los mexicanos llegamos a la mitad del único ciclo de crecimiento que conoceremos en lo que resta del 2020: el de los decesos acumulados por Covid-19. Semana tras semana México rompe su propia marca: los fallecimientos que por separado han ocurrido en la India, España, Francia e Italia a causa del coronavirus han sido superados por las 35 mil 491 lápidas que se han labrado en los últimos cuatro meses; la mentada “desaceleración de la curva nacional” es otra maroma estadística del aberrante político en el que se convirtió el prestigiado epidemiólogo que todos los días protagoniza las conferencias vespertinas en Palacio Nacional: antes del 5 de agosto próximo ocuparemos el deshonroso tercer sitio global de muertes acumuladas con una tasa de letalidad cercana al 12 por ciento, tres veces mayor a la que hoy presentan Estados Unidos y Brasil.

Esa es la receta, pero la pregunta ya es otra: ¿se les chamuscará el platillo en 2021? Pues si llegamos, ya veremos.