Legisladores con licenciatura

6

Ya son más de 19 mil personas que apoyan la idea de exigir a diputados y senadores contar con un título de licenciatura a través de la plataforma Change.org; a todas luces, el reclamo es tan ingenuo como poco democrático, lo primero se debe a la laxitud que existe para obtenerlo y lo segundo remite a los tiempos decimonónicos en donde los únicos con derecho a participar de la vida pública eran quienes tenían ciertas condiciones económicas –recordemos la participación política censitaria–.

Aunado a ello, la ignorancia es una epidemia que cunde universidades y calles por igual, hay tantos licenciados criminales, y criminales sin licenciatura, y licenciados honestos y mexicanos sin licenciatura pero con un grande corazón y amor por su gente. Es decir que el título nobiliario no ha sido ni será el filtro que nos libere de los problemas heredados de la negligencia hacia lo colectivo.

Tampoco podemos olvidar que en un país como el nuestro un título de licenciatura podría adquirirse en la Plaza de Santo Domingo, sin tener que acudir un solo día a las aulas universitarias, o bien, podría pagarse por él en universidades de mediano prestigio aún sin hacer los trabajos que ameritan el grado, también se puede asistir al aula y hacer los trabajos necesarios, obtener el título, pero no cumplir con la promesa evolutiva que trae consigo la educación superior.

No menos importante es recordar la lucha política que abrió espacio a la representación de sectores que no estaban contemplados en la vida pública del país, pues contar con propiedades y estudios era un requisito indispensable, además de la obviedad que requería que quienes se postularan fueran varones, pues las mujeres durante mucho tiempo han sido pensadas a través de categorías de inferioridad.

Las posiciones de representación política, es decir, las diputaciones y senadurías, han estado destinadas desde su creación a la promoción de diversas voces que integran las sociedades, desde los estamentos franceses, hasta las instituciones corporativas, han recurrido al poder legislativo para tener presencia en la toma de decisiones de lo público, velando tanto por intereses propios como colectivos. Es por ello, que de querer restringir el acceso a los puestos de representación, lo que se logrará también es restringir la posibilidad de que visiones de mundo alternas formen parte de la toma de decisiones que tiene lugar en el Congreso de la Unión.

La democracia mexicana avanzará en tanto se permita, a nivel institucional y cotidiano, el acceso al poder de posturas divergentes que den voz a los reclamos de un desarrollo que no tenga que ver con la escolaridad superior ni los intereses comerciales, que sepa menos de leyes y más de los dolores sociales. Las licenciaturas si bien preparan para tener un título que justifique la inserción laboral, no siempre disponen de una carga crítica y empática para comprender el mundo desde otros discursos que no sean los hegemónicos del positivismo.

Con ello no quiero decir que la clase política del país no deba ser profesionista, o tener conocimientos básicos del oficio, pero para ello está el servicio profesional de carrera, y las trayectorias legislativas que recientemente tienen la posibilidad de re elegirse. De acuerdo estoy en exigir que los miembros del gabinete y los funcionarios de la administración pública estén capacitados para la toma de decisiones óptima dentro de su entorno; sin embargo, para quienes están facultados para representar a la sociedad en su amplísima diversidad, se debe asumir que en esa variedad deberán de conformar el poder que, según dicen los románticos, emana del pueblo.

@AnaCecilia_PD