Manifiesto de pandemia

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Por Enrique Huerta

“Un fantasma recorre el planeta: el fantasma del negacionismo.

Todas la oscuridad se han unido en santa cruzada para encumbrar a ese fantasma.

Proletarios de todos los países, uníos contra el Covid-19: los proletarios sin mascarillas Kn95 no tenemos nada que ganar y, en cambio, mucho que perder”.

Si el inconmensurable genio de Karl Marx visitara el mundo del siglo XXI, constataría con una extraña mezcla de horror y fascinación que, en efecto, triunfó el espíritu de la reacción a 173 años de haber escrito El Manifiesto del Partido Comunista; aceptaría con resignación que “las revoluciones no fueron las locomotoras de la historia”, pues se han preservado mucho mejor los derechos y las garantías en sitios donde nunca ocurrieron; estupefacto comprobaría que las “juntas que administraban los intereses de la clase burguesa” eran verdaderas mutualidades, casi sociedades de beneficencia, comparadas con “los aparatos ideológicos” que desde tiempos de Margaret Thatcher interpretaron el papel del Estado teniendo el suficiente cuidado de nunca convertirse en uno de verdad; Marx comprendería como ninguno “la nuda vida” detrás de la precariedad y las nuevas formas de explotación; y, sin embargo, no daría crédito a la hegemonía que han alcanzado “las tecnologías de la gubernamentalidad liberal” capaces de someter el crecimiento económico de naciones enteras a los contratos de compra-venta de un puñado de farmacéuticas; comprobaría además que el llamado neocolonialismo no tiene nada de inédito, pues, de 130 millones de personas que hasta el momento han sido vacunadas contra el Covid-19, casi dos tercios son blancos, nórdicos o anglosajones y, si vivieran en la dinámica del siglo XIX, definitivamente serían protestantes.

Aturdido por la profundidad de la decadencia de nuestro tiempo, Marx tragaría amargo descubriendo “el rasgo estrictamente utópico de su pensamiento”: la clase trabajadora, en vez de conciencia de clase, optó por los anhelos fatuos de la sociedad de consumo banalizando cualquier sentido de trascendencia.

Ahora que lo pienso con mayor detenimiento, ¿hoy escribiría Marx un Manifiesto de Pandemia a “proletarios” mucho menos precarizados, pero en definitiva mucho más indolentes, carentes del más elemental sentido de la comunidad, absolutamente incapaces de enfrentar la realidad a causa de la razón utilitaria de su propia supervivencia? ¿Se atrevería, en los apuros del siglo XXI, a llamar a la resistencia en tiempos de indignaciones tan espectaculares como pasajeras?

No me queda la menor duda; sólo que no publicaría en Facebook y mucho menos llamaría a uníos a nadie en Twitter —la reacción se tornó digital en nuestro presente— porque claramente ya estaría censurado.