Maxi, víctima del 19-S y de la maldita politiquería

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Por Patricia Estrada

El 19 de septiembre de 2017, Paty Escobar Romero salió con su hijo de 9 años de edad cargando en brazos; el único alumno fallecido en el Colegio del Valle (cuya directora era María Isabel Escobedo Galeazzi, pariente del ex diputado federal del PAN, Salvador Escobedo) en el municipio de Atlixco.

El terremoto de hace tres años le quitó a su único hijo, Iván de Jesús Maurtua Escobar “Maxi”. Murió en el patio de la escuela, víctima del derrumbe de una pared que colindaba con una casa antigua.

Aquel día los papás forzaron la entrada de la escuela y encontraron a los niños de maternal y primaria esparcidos por todos lados. Cuando vaciaron el inmueble “Maxi” fue hallado sin vida. Paty no iba a dejar a su hijo bajo los escombros, así que lo cargó y lo sacó del lugar.

El Ministerio Público tardó 5 horas en llegar a Atlixco y a pesar de que ella notificó que su hijo había muerto dentro de la institución educativa, en el acta de defunción escribieron: Lugar de fallecimiento, se ignora. Peleó por hacer el cambio pero fue inútil, se negaron a escucharla.

En pleno velorio del menor, la SEP se comunicó con ella pero por obvias razones no podía responder a los cuestionamientos, por lo que jamás volvieron a llamarla ni tampoco pidieron revisión o clausura del inmueble para determinar la responsabilidad de los dueños ¿Coincidencia?

Los niños tenían supuestamente un seguro de vida que jamás se activó. Una abogada, -clienta de la tintorería de su mamá – se enteró de la equivocación imperdonable del Ministerio Público así que con “palancas” y después de 3 meses, el acta de defunción fue corregida y establece que su lugar de fallecimiento fue dentro de la escuela.

Paty tampoco recibió apoyo psicológico por parte del colegio, del gobierno del estado y el alcalde José Luis Galeazzi. A nadie le importó su pérdida. Los funcionarios panistas de aquel año solo querían tomarse la foto en el lugar de la tragedia. Maldita politiquería.

A sus 44 años de edad sufrió en 2019 la partida de su mamá, quien amaba a su nieto más que a su vida “A veces pienso que es un sueño, quiero despertar y abrazar a mi hijo”.

A pesar de la depresión ha retomado su trabajo de odontóloga y tiene planes de apoyar a niños de escasos recursos pero confiesa que es muy difícil vivir con una herida abierta que sangra todos los días.