Monreal en la Cuauhtémoc

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“Falta todavía que el piso se empareje.
Faltan todavía reglas para la inclusión y la participación.
Falta todavía normas que hagan equitativa y no desigual
ni desventajosa esta contienda interna”.
Ricardo Monreal

A propósito, valdría la pena compartir un fragmento de una columna de la semana pasada:

“¿Qué habrá pasado con aquellos “bloques de inconstitucionalidad” que fueron detectados, desde el Senado de la República, y que en su momento le preocuparon tanto a Ricardo Monreal que hasta votó en contra de sus aliados? ¿Qué le habrá prometido Adán Augusto López al senador que ya no se le ve tan incómodo en Morena? ¿Acaso habrá amarrado la candidatura a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, como premio de consolación, justo como algunas “lenguas viperinas” manifiestan? Irremediablemente lo sabremos”.

La encuesta recientemente publicada por Reforma, periódico mejor conocido por el target lopezobradorista como “pasquín inmundo”, disipó todas las sospechas: la preferencia del voto del senador Monreal, para Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, oscila entre 39 y 41 por ciento, es decir entre seis y siete puntos por debajo del abanderado predilecto de la doctora Claudia Sheinbaum, el tecnócrata de la seguridad, Omar García Harfuch.

Bastaría con revisar la actividad proselitista del senador morenista, en días plagados de descarados actos anticipados de campaña, para darnos una idea de la ruta geográfica de su estrategia: Gustavo A. Madero, Xochimilco y la Cuauhtémoc, con todo y una misa de domingo en la Catedral Metropolitana porque, en la opinión de Monreal, la fe no está peleada con la izquierda; son algunas de las alcaldías donde ha enfocado sus mayores esfuerzos que, evidentemente, palidecen con su “turismo legislativo” por San Luis Potosí y Aguascalientes.

A un semestre de la fecha límite para la definición del combo de candidaturas que los institutos políticos tendrán que enfrentar de cara al proceso electoral del 2023-2024; la expectativa de crecimiento de Monreal, en la preferencia del votante medio nacional, está proyectada en máximo 5 o 6 puntos porcentuales y, sin embargo, sólo pasaría de la cuarta a la tercera corcholata morenista más deseada. En cambio, en Ciudad de México, ese mismo crecimiento lo llevaría a un empate técnico con Harfusch, y en última instancia, al triunfo de la añorada candidatura a la Jefatura de Gobierno debido a que “el senador con doctorado” posee algo que muy pocos en el viejo palacio del Ayuntamiento: capital político propio.

En resumen, en la medida en que asegure buenos números en las encuestas de preferencia en la alcaldía Cuauhtémoc, electorado decisivo en el fragmentado espectro electoral de la Ciudad de México –ahora comprenderá usted porqué anda pintando bardas en Tepito–, tendremos Monreal para rato; mientras que en Puebla, en irremediable consecuencia, el conflicto de familia que trae de cabeza a la coalición barbosista, se resolverá a favor del sujeto que anda muy angustiado por “la pandemia de los edulcorantes”.

Tiempo al tiempo.

Por Enrique Huerta