Planeación de utilería

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A finales de los años 80, la Planeación Presupuestal en México había llegado a la cúspide, la oleada de tecnocracia dirigida hacia la Administración Pública era una realidad en las Secretarías de Estado; programas y planes se enaltecían como la respuesta a todos los problemas estructurales del sistema.

No obstante, desde ese entonces y hasta hoy, la planeación no ha dado los frutos que alguna vez prometió, pues los presupuestos, ratificaciones, acuerdos y demás, materializados en toneladas de papel, son en gran parte de la utilería del teatro de la democracia mexicana.

Esto lo advierten las siete organizaciones civiles que lideran el proyecto “Congreso Sombra”, las cuales buscan presentar al Congreso de la Unión una propuesta sobre ingreso, gasto y deuda pública para elevar la calidad del Paquete Económico 2018; en otras palabras, buscan hacer el trabajo que no se está realizando en el Poder Legislativo.

México Evalúa, Centro de Estudios Espinosa Yglesias, Borde Político, Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, IMCO, Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas y Gestión Social y Cooperación, son quienes integran la iniciativa dada a conocer el 23 de octubre de este año. En donde, entre otras cosas sugirieron que para 2018, año electoral, la Secretaría de Hacienda propuso al Congreso un gasto público de 5,236,375.6 millones de pesos equivalente al 22 por ciento del PIB; asimismo, mencionaron que del gasto programable, solo el 11.9 por ciento está previsto para inversión pública, siendo el nivel más bajo desde 2002.

También, revelaron que del total del gasto público, más del 80% es obligatorio para el saldo de pensiones, deuda y participaciones a estados, dejando muy poco para inversiones públicas y programas sociales, actividades que permiten la redistribución del ingreso y atención a grupos menos beneficiados en la estructura económica política del sistema –por no decir heteropatriarcado capitalista–.

En ese sentido, estas organizaciones señalan la deficiente labor crítica de los diputados –porque cabe recalcar que son ellos los únicos facultados legalmente para hacer algo al respecto– pues, se dijo que la brecha entre lo aprobado por el Congreso y lo gastado ha aumentado más durante este sexenio, lo cual indica que aun que se disponga en el papel los rubros para el ejercicio de los recursos públicos, la real politik termina por ser la última palabra.

Entre comunicación social, viáticos, gastos de personal, y otras tantas categorías, hijas de la opacidad, el Paquete Económico de 2018 invita a un puntilloso análisis que por fortuna se está haciendo por medio de la sociedad civil organizada, pues los pesos y contrapesos del sistema político, desde siempre, han dejado mucho que desear.

En la estantería de los hombres ilustres se escucha la voz de Gabriel Zaid en 1989:
“¡Qué desperdicio de esperanzas, de privaciones, de recursos! ¿Para qué ha servido tanta programación? Para acabar viviendo al día. Nada más fácil que pedir prestado, quemar divisas, anunciar el fin de los sacrificios y crear un alivio transitorio. Lo hemos hecho mil veces”.
-La nueva economía presidencial.

@AnaCecilia_PD