¡Por favor no lo denuncien! petición de madre

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Por Patricia Estrada

¡Por favor no lo denuncien¡ clamó la madre de un joven mayor de 18 años que robó la bicicleta a su vecino. La progenitora entró en desesperación cuando otros más acusaron a su hijo de ladrón y estuvieron dispuestos a testificar contra él porque no es la primera vez que se porta mal.

Cuando el dueño de la bicicleta culpó al muchacho porque otros vecinos confirmaron el hecho, la mamá salió en su defensa, negando que hubiera sido el autor del ilícito, sin embargo ante la advertencia de que sería denunciado ante las autoridades no tuvo más remedio que aceptar lo sucedido.

Fue hace cinco semanas cuando en la colonia Patrimonio, la hermana de la víctima de robo me comentó que la madre del joven fue muy persistente y por tal motivo decidieron “perdonarlo” en cuanto recuperaron la bicicleta; no obstante la familia del joven se ha dedicado a interceder por él cada vez que está en problemas.

¿Usted qué hubiera hecho? – me preguntó la muchacha, yo le contesté que quizá enojada hubiera procedido legalmente aunque el problema es todavía mayor porque esa señora está dispuesta a tolerar la conducta de su hijo y en este caso al tratarse de un delito menor, minimizó el hecho.

Comparto la historia con ustedes porque este fin de semana vi en plataforma de Netflix, la película argentina “Crímenes de familia”, basada en hechos reales que confronta una realidad similar y quizá más cotidiana de lo que pensamos. ¿El amor de una madre puede cegarla de lo que su hijo es capaz de hacer por gusto, soberbia o capricho? No quiero contarles más de la trama para que tengan oportunidad de verla y sacar sus conclusiones.

Lo que me dejó pensando es que si en el hogar adquirimos los valores que dan soporte a nuestras acciones personales, profesionales y trazan la manera de relacionarnos con los demás, las familias que predican con el ejemplo contrario; enseñando a sus hijos a mentir, transar o delinquir están más expuestas a la violencia intrafamiliar que hará todavía a esos jóvenes más vulnerables en la toma de decisiones.

Las acciones ilegales van escalando en la cadena delictiva, después será el robo de un automóvil, un asalto a mano armada, secuestro, violación y/o un homicidio. En el seno de las familias disfuncionales se generan individuos con frustraciones y resentimientos que poco aportan a la sociedad. La sobreprotección de los padres es tan perjudicial como entregar a sus hijos un arma para que descubran los peligros por sí solos.