Puebla desbordada, sin miedo al Covid-19

47

Por Patricia Estrada

¿Hemos perdido el miedo al Covid-19 o somos muy ignorantes? Basta una vuelta por el sur de la ciudad de Puebla para ver la realidad social. Ahí no hay decreto gubernamental que valga ante la necesidad de comer, aunque el mayor problema es la desobediencia a utilizar el cubrebocas.

Negocios no esenciales abiertos, la gente se mueve como si la pandemia fuera un mito, sin restricciones. No importa la orden del gobierno del estado ni la amenaza de las clausuras municipales, los establecimientos comerciales funcionan con normalidad.

La indicación de mantenerse cerrados hasta el 25 de enero es ignorada por tantas familias que entran y salen de los comercios, suben y bajan del transporte público, tosen en la calle y ocupan la motocicleta sin cascos ni cubrebocas.

La economía pende de un hilo y en un tiempo razonablemente corto no hay visos de recuperación. Mientras las autoridades publican decretos y con desesperación intentan frenar a los ambulantes en el centro de la ciudad, decenas de colonias del sur (imagino que situación similar será en el norte) la vida no se ha detenido.

Con justa razón los comercios que han aguantado el cierre económico en dos ocasiones en menos de un año exigen “piso parejo” porque están hartos de la complacencia gubernamental, de las cifras ridículas sobre las clausuras de Protección Civil y rebeldía de los ambulantes. ¡Por favor! La ciudad de Puebla está desbordada.

Gobiernos sin autoridad y ciudadanos irresponsables que nada les cuesta portar el cubrebocas para realizar sus actividades y después guardarse en casa el mayor tiempo posible. Vivimos un momento crítico, sin precedentes en el auge de los contagios y muertes ¿Qué carajos no hemos entendido? Las camas de hospital escasean al igual que los medicamentos para las intubaciones de los pacientes más graves. La muerte ronda a quienes por la enfermedad requieren un tanque de oxígeno en casa y es casi imposible obtenerlo.

Las vacunas no romperán en lo inmediato la cadena de contagios (hay estimaciones que con el 70% de la población vacunada en el país obtendremos resultados efectivos) Nos guste o no, la salud de todos está en vilo. Toca decidir, cuidarnos o seguir en el desmadre social, con sus consecuencias fatales.

Si bien los gobiernos dieron un “voto de confianza” a una sociedad irresponsable, debieron desde el principio aplicar mano dura sin concesiones. Ahora es imposible poner orden; los errores de ambas partes nos tienen contra la pared.