Urnas de pandora

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A mayor institucionalización –aplicación sistemática de las reglas del juego– de los partidos políticos, mayor disciplina interna; de lo contrario, los institutos políticos son presas de divisiones y conflictos intestinos. Morena es ejemplo perfecto del segundo caso.

Desde su origen, el partido de López Obrador fue forjado a la sazón de lo irreconciliable, no hay cuadros en Regeneración Nacional sino coaliciones que se detestan entre sí.

Juntar a la familia morenista equivale a la celebración de la cena de Navidad de una familia disfuncional: tendremos lágrimas, insultos y hasta cristales rotos; todo eso junto detrás de una foto decente, tomada antes del desastre, para cubrir las apariencias. Una escena similar veremos durante la elección de consejeros estatales de Morena en Puebla: la primera instancia de una sucesión francamente extemporánea.

Para la votación de este sábado 30 de julio se instalarán 40 sedes de votación, distribuidas en los 15 distritos electorales federales de la entidad, entre todos se encargarán de computar los votos de alrededor de 150 mil militantes; la escena ya suena a tumulto, conflicto y mitote.

Bajo esas circunstancias, la participación libre y autónoma de los simpatizantes es una aspiración francamente conservadora; sin una estrategia de movilización –acarreo, para decirlo sin tapujos– de simpatizantes distribuidos en 217 municipios, Morena no podrá llenar las urnas. ¿Qué pasará cuando los operadores de facciones en disputa se encuentren en los módulos? El espectáculo de la democracia realmente existente.

Sin importar los resultados, la elección de 150 consejeros estatales reproducirá la fragmentación existente, pues ninguna coalición de intereses al interior del partido es hegemónica. La cosa a penas empieza y el listado para los mentados consejeros ya acumula una docena de impugnaciones presentadas ante la Sala Superior del TEPJF.

Pero vayamos a lo interesante: ¿por qué todos los que han levantado la mano en Morena para ser candidatos de cualquier cosa en 2024 se juegan el futuro de sus aspiraciones en este proceso interno? Porque de las cercanías de los 150 consejeros, resultado del tumulto que hemos descrito, dependerá la elección del próximo presidente Comité Ejecutivo Estatal (CEE) aplazada, por cierto, para el próximo 13 de agosto –de paso, si les sobra tiempo, conmemoran la caída de la México-Tenochtitlán–. Y por si todo lo anterior fuera poco, no es lo mismo aspirar a una candidatura con la presidencia local del partido en contra que buscar el hueso con la complicidad de los amigos en el CEE.

P.d. A propósito de aglomeraciones, ¿alguien aún recuerda en Morena que seguimos bajo los efectos de la Quinta Ola de contagios de Covid-19? Parafraseando al poco entrañable López-Gatell: “los morenistas no tienen fuerza de contagio; su fuerza es moral”. Suerte señores, con aquello de las reinfecciones.

Por Enrique Huerta